La Culpa

                        

Las mujeres somos muy culposas, por todo nos auto-recriminamos aunque nadie nos diga nada. Si decidimos andar todo el día en pijama y no hacer ni la cama hay momentos que pensamientos culposos cruzan nuestra mente, ya que sentimos que tenemos la responsabilidad todo el tiempo de ser eficientes y eficaces. Bueno, al menos a mí me pasa. Si decidimos dejar un dinero aparte para la compra de ropa, zapatos o algún caprichito, siempre se asoma el remordimiento y la culpa de que no utilizamos ese dinero para la casa, los niños o el pago de alguna cuenta.

¿Será nuestra sociedad la que nos limita, será nuestra formación familiar o será una barrera auto-impuesta como una técnica sádica para no sentirnos plenamente felices? 

Si comemos más de la cuenta porque la comida estaba exquisita nos sentimos como cerdas y se asoma la culpa de no cumplir con la dieta, no cumplir con el rol de dama que come la ración justa, etc. etc.

Si miramos a un hombre guapo con la misma cara de lujuria que ponen los hombres al mirar a una mujer estupenda, nos reprimimos nos sentimos mal, sucias, como que no corresponde, las mujeres no hacen eso.

La religión nos llena de limitaciones y culpa, mi culpa, mis pecados, por mi culpa, por mi culpa.... no será mucho, se supone que dios/diosa es amor supremo y no el resultado de todas las maquinaciones humanas para mantenernos dominados bajo la culpa.

Si decidimos dejar un trabajo que nos hace infelices, pero que nos reporta el dinero que requerimos nos sentimos culpables.

Si disfrutamos una relación sexual plenamente y pedimos lo que queremos durante el sexo, nos sentimos putas y nos reprimimos. ¿Somos putas por poder decir lo que sentimos y queremos? ¿Somos putas por vivir un orgasmo intensamente? No lo creo, nuestra formación nos limita, nos cataloga y nos hace vivir culposamente.

Si nos vestimos con un escote que nos encanta porque deja ver nuestros atributos en la justa medida para dejar fluir la imaginación de nuestra pareja o de otros, las miradas recriminadoras de nuestras pares o de las señoras mojigatas se sienten inmediatamente.

Si decidimos ponernos una falda corta, muy fresca y cómoda, podemos llegar a escuchar incluso de nuestras madres que parecemos bataclanas y muchas veces vamos y nos cambiamos por la culpa de sentir que no nos vemos como mujeres decentes. Pero la decencia va en nuestras acciones. 

Muchas veces las personas mayores quieren imponer su visión de recato, se impactan con la palabra pene, pero tienen como 10 hijos. Este doble discurso y no hablar las cosas por su nombre es lo que nos hace mal como sociedad. Nos hace llenarnos de culpa, culpa por comer, por vestir, por renunciar, por disfrutar, por decidir.



Muchas veces la culpa nos limita, no nos deja crecer y especialmente nos hace infelices. No digo que haya que hacer todo y de todo sin importar los demás, pero muchas veces ponemos a los demás antes que nuestros propios sentimientos, incluso anteponemos a nuestros hijos y no siempre está bien.

Las mujeres que hemos vivido violencia en la relación de pareja creemos o creímos en su momento que es culpa nuestra, que merecemos la vida de mierda que tenemos, que el daño es necesario, que no valemos y que todo lo que nos hagan lo hemos buscado por nuestras actitudes o por nuestras decisiones. Y la única culpa que tenemos ahí es seguir aguantando esa situación, permitir que nos humillen, que castren nuestra voluntad y dejar que el otro nos anule como persona. Para romper con esa culpa hay que actuar, hay que romper el círculo y ponernos a nosotras en primer plano. En infinidad de oportunidades usamos a los hijos como escusa para no salir de la situación de agresión física o psicológica, porque creemos que el macho proveedor les hará falta a los niños, que la figura paterna es importante y que nuestro dolor no es relevante. Pero estamos tan equivocadas, los niños absorven nuestra pena, nuestro dolor y en algunos casos se vuelven agresores, porque ven que esa conducta es adecuada. Es imperante salir cascando con los niños donde y como sea, es mejor perder las comodidades que se tengan a manterner una situación así. ¡¡¡ Si sientes que no puedes pide ayuda, nunca se está demasiado sola para no hacer nada!!!

Por culpa mantenemos relaciones dañinas, ya sea amorosas, amistosas, familiares o de trabajo. Muchas veces no queremos asistir a un evento familiar, porque no nos agrada alguien, porque siempre terminan en pelea o simplemente porque no tenemos ganas, pero la culpa al pensar que son pocos momentos para compartir, que que pensarán los demás, etc,etc, nos obligamos a asistir.

Si nos ponemos a revisar nuestras decisiones cuántas de ellas las tomamos libremente, sin culpa, sin amarras, creo que podemos decir que pocas.

Debemos como sociedad a vivir sin culpas, a estudiar la carrera que nos gusta, no la que genere más, a trabajar en lo que amas para ser feliz haciéndolo día a día, atreverse a romper los lazos que nos hacen infelices y aprender a decir NO sin culpas. Si los demás no lo entienden, es problema de ellos, tu vida, tus decisiones, tu felicidad.

Yo estoy liberéndome de la culpa  ¿Y a ti como te afecta la culpa?
                   
              

Comentarios

  1. en lo personal creo que la culpa no es màs que un abusivo juego del ego para excusar nuestras decisiones, somos responsables de nuestras decisiones pero no veo por qué somos culpables, salvo que dañemos a otros seres.Los Escorpiones suelen ser culposos.

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  2. en lo personal creo que la culpa no es màs que un abusivo juego del ego para excusar nuestras decisiones, somos responsables de nuestras decisiones pero no veo por qué somos culpables, salvo que dañemos a otros seres.Los Escorpiones suelen ser culposos.

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